domingo, 10 de julio de 2016

La discusión sobre si los hombres pueden ser feministas


Diré mi opinión sobre este tema. Sé que con ello me ganaré el odio y la descalificación de muchas personas. No me importa. De todas maneras expresaré lo que pienso.

Jamás he creído que sólo puedo ser amigo de las personas que piensan igual que yo. Nunca he creído que tenga la verdad absoluta. Sólo tengo mi verdad, que puede coincidir o no coincidir con la verdad de otras personas.

Siempre defiendo mis ideas con profunda convicción, lo que no me impide cambiar de opinión cuando considero que la otra persona tiene una mejor idea. Pero esta posibilidad se da después de compartir vehementemente nuestras mutuas opiniones, lo cual implica dialogar.

Cuando alguien cancela el diálogo porque su interlocutor o interlocutora no piensa igual, cancela la posibilidad de entendimiento y de comprensión recíproca. Siempre, tras un diálogo fructífero y sincero, los o las participantes enriquecen su visión del mundo, hayan estado o no de acuerdo con la persona con la que dialogaron.

Lamento que el ideologismo dogmático de algunas personas les lleve a excluirme de su círculo de contactos o, peor, de amistades. La pérdida de contacto y la imposibilidad de compartir y conocer nuestra forma de pensar siempre será, para mí, lamentable.

Pero, no obstante las represalias, jamás diré nada por dar gusto a alguien o a un movimiento o a un partido o a un grupo de personas. Con franqueza, no me interesa quedar bien o mal con las personas en términos intelectuales. Sí me interesa no estar mal en términos personales. Me interesa compartir ideas con libertad. Sé muy bien qué valores defiendo y a partir de ello tomo mis propias decisiones. Ante todo, siempre, soy intelectualmente honesto.

La discusión sobre si los hombres pueden o no ser feministas me parece criticable si se pretende asumir una postura esencializante sobre ello con la finalidad de excluir. No sólo me parece criticable, sino peligroso.

Mi crítica a ciertas personas que asumen un discurso esencializante, no es una crítica a todos los feminismos, ni a las feministas que luchan por la libertad y la igualdad.

Mi crítica es a cierta forma de pensar que sostiene que la naturaleza, la historia o "el sistema" determina indefectiblemente las afinidades o las fobias ideológicas. Mi crítica es a esa idea que sostiene que los hombres nacieron o que "se hicieron necesariamente" machos y malvados y las mujeres feministas y buenas.

Me opongo a la idea de un orden social opresivo, sistémico, estructural e indefectible producto de la supuesta existencia de "leyes" permanentes surgidas de la historia de la Humanidad, que determinan con un sentido de necesidad el comportamiento humano y social opresivo. Pretender que el "patriarcado", como forma de gobierno ilegítimo, es consustancial a todos y cada uno de los hombres, implica considerar que hay cierto orden, cualquiera que sea su supuesto origen y fundamento, que determina el comportamiento opresivo de todos los hombres, como un absoluto.

Es cierto: hay una base empírica sólida para imputarle a muchos o pocos hombres la violencia continua, deliberada, ordenada y generalizada en contra de las mujeres. No obstante, esa conducta opresiva de esos muchos o pocos hombres no es un designio natural ni una imposición de las "leyes de la historia", de un orden sistémico necesario o cualquier idea similar que pretenda coartar la libertad humana y la capacidad de decisión.

La violencia es una construcción cultural, social, política y contingente, por tanto no es consustancial a nadie. La gente decide ser violenta y decide oprimir a otras personas.

El orden patriarcal es producto de una hipertrofia del poder que ciertos hombres, muchos o pocos, con el apoyo de ciertas mujeres, muchas o pocas, han ejercido para construir y mantener ilegítimamente un régimen opresivo que implica privilegios inaceptables. Este orden opresivo que privilegia a ciertos hombres, muchos o pocos, en detrimento de la mayoría de las mujeres, es producto de la voluntad de quienes lo han construido.

Así como hay hombres que han construido el régimen patriarcal para mantener sus privilegios, hay otros hombres que abominan y combaten ese orden -que siempre será contingente- con tanta vehemencia como muchas mujeres que pelean para defender la libertad. Por eso, hay hombres, muchos o pocos, que critican sus privilegios, cuando los tienen, así como lo hacen las mujeres, muchas o pocas.

Ese es mi punto. Las posturas esencialistas y absolutas de ciertas personas que sostienen que una ideología está vedada por la ley causal o las leyes de la historia o un supuesto orden sistémico indefectible a aquellas personas que nacieron natural o socialmente con cierta forma de ser, son tan conservadoras, excluyentes y opresivas como el orden social ilegitimo que dicen combatir.

Conclusión:

No existen determinismos ni naturales ni históricos ni sistémicos respecto al comportamiento humano interactivo opresivo. El trato ilegítimo que nos damos socialmente es producto de la voluntad personal, en última instancia, aunque contingentemente la sociedad y sus instituciones puedan ejercer relativamente algún tipo de influencia. Nadie nace opresor o como victimario. El entorno influye de manera crucial pero no de manera determinante. El entorno, no impone ideologias ni formas de ser de manera necesaria. Se es opresor porque se desea oprimir. Son las personas las que deciden, siempre, ser opresoras, aunque se pretende mitigar la responsabilidad con la idea de supuestos órdenes necesarios, que sólo existen en la mente de los teóricos, pero que son desmentidos por nuestra experiencia diaria.

Me opongo radicalmente a las ideologías que pretenden coartar la libertad humana y evitar así la directa responsabilidad de cada individuo, con motivo de sus propios actos, en la construcción de cada sociedad histórica.

Cada quien responde por su propia forma de pensar y por sus propios actos en su justa dimensión, apreciación y alcance, independientemente de que dicha forma de pensar o que dichos actos se generalicen y se mantengan por cierto tiempo y en determinado lugar.

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